¿es sexista reconocer que hombres y mujeres no son

identicos?

El siguiente artículo contiene la llave que permite empezar a comprender las diferencias de sexo entre hombres y mujeres, particularmente por qué eligen en promedio carreras diferentes, compran libros diferentes (80% de los de psicología o de las novelas son consumidos por mujeres, 80% de los de política o de ciencia son comprados por hombres), ven en promedio géneros de películas diferentes, eligen especialidades distintas de la Carrera de Filosofía (ellos más lógica, filosofía de la ciencia y política, y ellas más ética), y a menudo hablan de temas diferentes. El psicólogo inglés Simon Baron-Cohen, de a Universidad de Cambridge, marcó un punto de inflexión y desató una batalla de los sexos que ya tiene víctimas y héroes (un empleado de Google y el presidente de la Universidad de Harvard despedidos), malos voceros (casi toda la prensa), buenos científicos comprometidos en la investigación y la promoción (la mayoría de los reconocidos) y neurofeministas que cometen el error de confundir igualdad de rasgos con igualdad de derechos.

Baron-Cohen llegó al tema por serendipidad (afortunado azar), mientras se dedicaba, tal como lo hizo el resto de su vida, a estudiar el autismo. Diversas investigaciones mostraron una correlación entre niveles elevados de testosterona en el útero materno y el desarrollo de trastornos del espectro autista (Manning y otros, 2001; Lutchmaya y otros, 2004; Baron-Cohen, 2006 Auyeung y otros, 2009). Si un gemelo tiene autismo, hay de un 60 a un 90% de posibilidades de que el otro lo tenga, mientras que en mellizos, hay un 20% de posibilidades que el hermano sea autista (Ronald y Hoekstra, 2011). Las diversas afecciones descriptas dentro del llamado “espectro autista” implicarían un cerebro escasamente empático y con dificultades para las habilidades sociales. (Baron-Cohen y Wheelwright, 2004; Allison y otros, 2011). En el Cociente de Empatía, las mujeres en promedio tienen un mejor desempeño que los hombres, pero el de personas con autismo o Asperger es peor al del promedio de los hombres.

El autismo afecta a cuatro hombres por cada mujer. Es un desorden que conlleva la dificultad para ponerse en los zapatos del otro, imaginando el mundo desde su encuadre y respondiendo a sus emociones. Cuando el autista advierte que ofendió a otro, usualmente se sorprende y no puede comprender el impacto. Además de tener dificultades con la empatía, el autista tiende a observar patrones muy focalizados, similitudes en cosas desconectadas, a concentrarse en fragmentos o detalles que quizás nadie antes notó, conductas que Baron-Cohen denomina “sistematizadoras”, ya que tienden a identificar las reglas subyacentes de diversos sistemas. No es inusual que el autista sea particularmente talentoso.

Así es como estudiando el autismo, Baron-Cohen hipotetizó que este trastorno podía representar rasgos extremos del cerebro masculino típico (Baron-Cohen, 2002). A los hombres en promedio les interesa saber cómo funcionan las cosas, como cuando abren el capot del auto, y lo mismo ocurre con las matemáticas, que tienen normas sobre cómo se relacionan los números entre sí. En promedio a los hombres les interesan más los procesos que las personas. Las personas son en cierto sentido sistemas, pero más impredecibles, y resultan más interesantes en promedio para las mujeres, un foco que nace de su mayor predisposición media a la empatía, tal como evidencian numerosos estudios como el realizado con una muestra de 5186 personas en el que se midió el cociente de empatía y el de sistematización, y las mujeres en promedio calificaron mejor en empatía mientras los varones calificaron mejor en sistematización (Wright y Skagerberg, 2012). En un meta-análisis de genoma de empatía cognitiva realizado con 100.000 voluntarios, las mujeres rindieron mejor en el test de “Lectura de emociones en los ojos”. (Warrier y otros, 2017)

A los dos años los varones tienen más interés en construir juguetes con blocks y estructuras mecánicas. Les encanta poner las cosas juntas y realizar construcciones. El mismo patrón fue encontrado en sociedades preindustriales. La física y la ingeniería son el equivalente de los juegos mecánicos y constructivos de la niñez. La sistematización incluye sistemas técnicos (computadoras, vehículos y otras máquinas), naturales (ecología, geografía, química, física, astronomía o geología) y abstractos (política, economía). En todo el mundo no hay más de 20% de mujeres en las carreras altamente sistematizadoras como física, matemáticas, ingeniería y ciencias de la computación (STEM). En los países con mayor igualdad de género la brecha en este tipo de carreras se amplía, con más mujeres en carreras focalizadas en personas (psicología, enfermería, derecho, medicina) y menos en carreras focalizadas en cosas y sistemas (STEM). Se trata de la denominada “paradoja de la igualdad”, por la que dado que en los países con mejor estándar de vida como los escandinavos las carreras focalizadas en personas se pagan mejor (docencia, enfermería, medicina), las mujeres las prefieren, mientras que en países más pobres como India y Tailandia, las mujeres eligen más carreras técnicas como ciencias de la computación porque les permite acceder a una mejor retribución económica (Galpin, 2002). (Para más información sobre este fenómeno, ver en Youtube el documental Noruego “Lavado de cerebro. La Paradoja de la igualad”).

De modo que para Baron-Cohen, el cerebro femenino está predominantemente cableado para la empatía, y el masculino para entender y construir sistemas. Las mujeres en promedio están más interesadas en personas, y los hombres en cosas y sistemas. De este sencillo esquema se derivan intereses diversos promedio de todo tipo.

En el “Test de leer la mente en los ojos” las mujeres decodifican mejor las expresiones faciales (un vehículo para la empatía) y sutiles tonos de voz, tanto en Nueva Guinea, Israel, Australia y Norte América. (Vellante y otros, 2013). Baron-Cohen ejemplifica esta capacidad describiendo cómo las niñas atribuyen a las muñecas intenciones y emociones, e imaginan historias que las tienen como protagonistas. Los niños prefieren jugar con objetos de construcción (lego) o mecánicos (autos). Las niñas sonríen a la gente nueva, toman una muñeca y le muestran el dibujo que acaban de hacer, o las consuelan y les dicen que no se preocupen. No es imposible que esta capacidad empática derive de mecanismos adaptativos ancestrales que reflejen la necesidad de conocer los estados mentales de los bebes, que no pueden expresar en palabras lo que les ocurre.

Baron-Cohen sugiere que las diferencias de género son una suma de cuestiones biológicas y culturales. Cuando hace referencia a hombres y mujeres refiere a un promedio y no a cada mujer y a cada hombre. También existen diferencias individuales para empatizar y sistematizar. Señala que no todos los hombres tienen un cerebro masculino, ni todas las mujeres tienen un cerebro femenino. “Solo sostengo que el cerebro masculino es más frecuente en hombres y el femenino más frecuente en las mujeres. De modo que si alguien es hombre y se dedica a las profesiones de cuidado, o si es mujer y se dedica a profesiones técnicas, el que pueda contratarlo no debería inferir nada en relación a su sexo. Soy hombre pero me dedico a una profesión de cuidado (psicología clínica). Arregla mi computadora una mujer y recurro a dos mujeres científicas para entender la bioquímica de las hormonas” (Baron-Cohen, 2004).

La neurofeminista argentina Lucía Ciccia juzga que en este esquema se atribuyen los rasgos de “la racionalidad y del progreso” a los hombres, mientras las mujeres quedarían relegadas a los estereotipos tradicionales . (DES-GENERADX 18 de septiembre 2017 / Nota: Lucía Ciccia – YouTube). La conclusión de Ciccia es objetable puesto que el progreso humano también supone el uso de la empatía, que tiene sus límites (Bloom, 2017) pero es una herramienta valiosa para ampliar el círculo de la igualdad de derechos (Singer, 2011), y también porque Baron-Cohen no brinda una teoría prescriptiva, dado que los estereotipos pueden ser consecuencia y no causa de la conducta (Jussim, 2017), y porque hoy hay un 57% de científicos e intelectuales mujeres (la cifra es de Argentina pero porcentajes equivalentes pueden ser encontrados en numerosos países occidentales en los que ya hay más graduadas mujeres que hombres sumando el total de las carreras), algo que evidencia que el estudio de carreras focalizadas en personas también supone niveles altos de abstracción. ¿Es sexista reconocer que hombres y mujeres no son idénticos? La respuesta es negativa. Conociendo las propensiones y preferencias de cada sexo es posible trabajar para aceptar muchas de ellas y orientar el debate hacia las que necesitarían una revisión crítica.

Para seguir leyendo: libro “La diferencia esencial”, Simon Baron-Cohen, en Youtube “La paradoja de la igualdad. Lavado de cerebro” y también en Youtube “Cerebro masculino y cerebro femenino” (Roxana Kreimer) En Twitter @feminisciencia @RoxanaKreimer

 

Roxana Kreimer

Roxana Kreimer

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